La Programación Neurolingüística como modelo de comunicación se utiliza en el campo personal, terapéutico y profesional. Y en cada uno de ellos permite comportamientos más flexibles, autoconocimiento, autogestión de los estados internos, comunicación asertiva y congruencia, entre otros beneficios. La PNL se posiciona como una técnica efectiva para la renovación de patrones del comportamiento humano que nos permiten mayor bienestar.

Marcela Andaur y Javier Escuti, estudiantes de la generación 2018, a continuación comparten sus experiencias en el Diplomado Internacional en Programación Neurolingüística, Mención Practitioner de días sábados.

Marcela Andaur, se desempeña como Jefe de Carrera de Tecnología Médica de la Universidad de Temuco. Estudió el 2017 Coaching e Hipnosis Clínica en nuestra Academia, y su interés por la terapia la llevó este año a estudiar Programación Neurolingüística, Mención Practitioner.

“Creo que el lenguaje constituye realidad”, afirma.

Presuposiciones de la PNL

Para Marcela, la presuposición: “mapa no es el territorio”, es determinante. “Nosotros hacemos un constructo y éste no necesariamente es el constructo de los demás. Mirar sin juicio, sabiendo que las personas hacen lo que hacen con una intención positiva creyendo que es lo mejor en ese contexto, cambia la perspectiva. Con este tipo de herramientas podemos cambiar nuestro constructo y eso es muy potente”.

“Esta experiencia, me deja una renovación del “yo”, es una herramienta poderosa para el desarrollo personal y el desarrollo de otros. Actualmente estoy haciendo pequeñas terapias en hipnosis y la PNL me dará mayor validez  para aportar”.

“Quien quiere comunicar tiene la responsabilidad de hacerse entender”.

Javier Escuti, trabajó 32 años en minería y hoy estudia con miras a un nuevo comienzo laboral. Decidió estudiar PNL para mejorar su comunicación con otros y con ello fortalecer las relaciones humanas.

“Me gustaría expresar lo que quiero y que me interpreten lo que digo, por esto, la presuposición “quien quiere comunicar tiene la responsabilidad de hacerse entender” ha marcado su aprendizaje. “En el trabajo, cuando daba una instrucción, creía que se entendía el mensaje pero de diez personas cinco no habían entendido. Esto me generó un estímulo para aprender nuevas herramientas. Hoy, en el curso, estoy aprendiendo a escuchar, a interpretar, a agudizar la sensorialidad viendo al otro. Al terminar este proceso, me veo más abierto a la escucha, más empático y dispuesto a ayudar a las personas”, concluye.